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T. S. Eliot, Coros de La roca, I



lunes, 27 de septiembre de 2010

Bonney M como clasicismo

Fue el otro día, en la peluquería. Estaba sonando una de esas emisoras de radio, "remember", de música de los 70s, 80s y 90s, que se deja oír, agradable, que "todo el mundo" conoce. Bonney M cantaba "Daddy Cool", y me parecía que aquello resonaba con una claridad más que musical, yo diría que cultural, por encima de esa banda sonora, a veces tan anodina, tan irrelevante, de tantas canciones que se escuchan en esta marea ecléctica de nuestros tiempos, tan alejandrinos, sofisticados, herméticos, a veces tan heterogéneos e incomunicables.

En los 80's "todo el mundo" nos balanceábamos al ritmo seguro y entre las melodías nítidas y pegadizas de un  canon definido que incluía un puñado de cabezas de serie, y luego una cascada de plotiniana de derivados. Todos tenían su sitio en un orden claro de calidad -otra manifestación de la claritas clásica, vamos-. Eso sí que era globalización. Exagero, pero no tanto. 

Es decir, para mí, Bonney M y toda aquella música que han canonizado estas emisoras ya es clasicismo. El tiempo asigna clasicismos a todo. En lo musical, le pasó al jazz: incluso tenemos varias épocas (Dixieland, New Orleans, Bop, West Coast, Cool, Hard Bop...) como la música "clásica". Y las solapas anchas son clasicismo, y las vespas, y seguramente tener un blog, visto dentro de cinco años -no olvidemos la aceleración-.

Miré a mi peluquero y me miré en el espejo: cuando eres capaz de darte cuenta del clasicismo es que, chaval, el clásico eres tú. 

¡Pues viva Bonney M!